Para empezar un huerto no hace falta un gran espacio
El comienzo de curso es un buen momento para poner en marcha un huerto escolar. Y para empezar no hace falta disponer de un gran terreno: una jardinera en el patio, varios maceteros o una pequeña franja de tierra junto a la valla pueden ser suficientes.
Más importante que el tamaño es contar con una planificación básica, adaptar el huerto a las posibilidades del centro y repartir las tareas entre quienes van a participar. Septiembre ofrece además una buena oportunidad para preparar el espacio y plantear las primeras siembras de otoño.
A partir de ese primer bancal, el huerto puede convertirse en mucho más que un lugar donde cultivar alimentos. Favorece el trabajo en grupo, acerca al alumnado a los ciclos naturales y permite conocer variedades locales adaptadas a cada territorio. También crea oportunidades para implicar a profesorado, familias y otros miembros de la comunidad educativa.
El manejo del huerto sin fitosanitarios de síntesis química permite además trabajar formas de cultivo más respetuosas con el suelo, el agua y la biodiversidad.
Los centros que quieran empezar este curso pueden consultar los materiales y recursos educativos de Huertos de Biodiversidad, así como la información sobre la formación online dirigida a docentes.



