Suelo vivo, planeta sano
Durante el invierno, cuando la actividad del huerto disminuye, es un buen momento para observar lo que ocurre bajo nuestros pies. Un suelo sano retiene agua, ayuda a prevenir la erosión, aporta nutrientes a las plantas y alberga una enorme diversidad de microorganismos esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas agrícolas. También contribuye a que los cultivos respondan mejor frente a situaciones como la sequía o las lluvias intensas y desempeña un importante papel en el almacenamiento de carbono.
La agricultura regenerativa parte precisamente de esta idea: cuidar el suelo para mantener y recuperar su fertilidad y biodiversidad. Algunas de sus prácticas pueden trasladarse fácilmente al huerto escolar: mantener el suelo cubierto, diversificar los cultivos, reducir las labores que alteran su estructura, evitar el uso de pesticidas de síntesis química o incorporar compost y materia orgánica. Enero ofrece así una buena oportunidad para observar el estado de los bancales y conocer mejor el suelo antes de iniciar las nuevas plantaciones.



