Buenas compañeras en el huerto: asociación y rotación de cultivos
Antes de sembrar, conviene planificar qué especies compartirán espacio. Algunas plantas pueden beneficiarse cuando crecen juntas, ya sea porque ayudan a reducir la presencia de determinadas plagas, atraen fauna auxiliar o aprovechan de manera diferente los recursos del suelo.
En el huerto pueden probarse asociaciones tradicionales como el ajo junto a las fresas, la zanahoria con la cebolla o las habas con las espinacas. También las plantas aromáticas y las flores pueden desempeñar un papel importante: especies como la menta, la salvia o la manzanilla aportan diversidad al bancal y pueden favorecer el equilibrio del huerto.
Pero tan importante como decidir qué plantas van juntas es pensar qué se cultivará en cada espacio de una temporada a otra. La rotación de cultivos ayuda a evitar el agotamiento del suelo y reduce el riesgo de que determinadas plagas y enfermedades se mantengan año tras año.
Una forma sencilla de organizarla es alternar cultivos con necesidades diferentes. Por ejemplo, después de una leguminosa como la judía, que contribuye a fijar nitrógeno en el suelo, pueden cultivarse especies menos exigentes y continuar la rotación con otros grupos de hortalizas.



